Necronomicón

Segunda Época. Año 6. N° 17. Febrero, 2008

Bienvenidos. Este es el número de febrero que se me coló en marzo, créanme. Fue algo así como lo que le pasó a la bella durmiente cuando los siglos le pasaron por encima sin que se diera cuenta, lo único es que no estaba dormido, ni tengo semejanza física con la dama narcoléptica del cuento infantil. Supongo que la barba es la principal culpable de la desilusión inicial a primera vista, pero eso es otro tema. Con sueño o sin él, para mí siempre es un placer escribir estas introducciones, sea que el Necronomicón salga a tiempo o me duerma en mis laureles y la edición se dilate, como es crónicamente usual, meses más, meses menos.
En esta oportunidad tenemos tres historias de terror. Tres personajes que deben enfrentar sus miedos, sin posibilidades de eludir ese destino espantoso al que los han enfrentado, con sádico conocimiento de causa, sus creadores. Porque es que el terror no tiene ni siquiera sentido si no se tiene miedo, si no se conoce el miedo. Es por eso que la mejor literatura de terror es la que se nutre del miedo de los personajes y del miedo del lector. Un suceso terrorífico pierde su poder de horror si no es comprendido por sus receptores. La situación apenas pasa por ser una secuencia de imágenes o palabras poco significativa, más allá de lo que la cotidianeidad le permita aprehender al espectador o al lector. Es el miedo el que permite cuantificar la magnitud del terror y cómo éste afecta nuestra percepción o la percepción de los personajes. Ese miedo no tiene por qué ser exclusivo del ser humano como podrán apreciarlo en las historias de Gina Hasbún, Nestor Darío Figueiras y Hernán Domínguez Nimo. El terror está aquí.

 

El fin del mundo

por Hernán Domínguez Nimo

Hernán Domínguez Nimo tiene una increíble habilidad para forjar historias; las saca de la nada y parece que éstas tuvieran vida propia, crecen y se retuercen de formas inimaginables, brindándole al lector una experiencia única de lectura. Sé lo que digo, pues hace aproximadamente un año terminamos de escribir un cuento a cuatro manos y quedé patidifuso ante la facilidad de Hernán para enrumbar la trama cuando yo se la ponía difícil. Hernán ha sido finalista en el Concurso Terraignota 2001 (México), en el Concurso Coyllur 2005 (Perú) y en el Concurso Axxón 2006 (Argentina). En 2003 ganó el Concurso Fobos (Chile). Tiene cuentos publicados en revistas y antologías de Argentina, España y Grecia (Axxón, Ediciones de la Gente, Artifex, Libro Andrómeda, Universe Pathways) y en revistas electrónicas de Argentina, España y Venezuela (Axxón, Sinergia, NM, La Idea Fija, NGC 3660, Bem, Alfa Eridiani, Necronomicón). Es colaborador en la selección de cuentos para las revistas Axxón y Sinergia, y miembro de la Fundación Ciudad de Arena. Hernán ya ha estado antes en Necronomicón con sus relatos Nacimiento (Necronomicón N° 4), Madurez y Soy la muerte (ambos en Necronomicón N° 11).

 

¿Qué harías tu último día? ¿Qué pondrías en tu lista de prioridades? No es tan fácil elegir. Después de todo, la clase de cosas que uno sueña con hacer —viajar, conocer, aprender— llevan más de un día. Muchas veces, toda la vida no alcanza.

Ya sé: nadie se plantea hacer esa lista. Todas las fechas programadas con anticipación para el fin del mundo —el 999, el 1999— pasaron de largo por nuestras vidas como tren expreso. ¿Cómo saber, entonces, que tu mundo se va a acabar? A menos, claro, que vos decidas ponerle fin. Mis sueños son muchos, demasiado grandes para un día. Por eso limité mi lista a las cosas chiquitas que voy a extrañar, esos pequeños placeres de todos los días a los que uno no presta atención suficiente si no los siente en falta. La plata que tengo ahorrada no es mucha en comparación con mis sueños pero suficiente para un día a pleno.

Para empezar, falto al trabajo. Dudo en seguir durmiendo, por el placer de apagar el despertador y volver a apoyar la cabeza en la almohada, pero no quiero perderme la mitad de mi último día. Y tampoco que mamá sospeche que algo anda mal.

Así que me levanto y dejo que me acompañe hasta el subte como de costumbre. En lugar de bajar en el centro, sigo hasta Retiro y me tomo el tren hasta Tigre, a contramano de la marea humana. ¿Hay algo más hermoso que la modorra del traqueteo en soledad, sin gente apretujándote? ¿O tirarse al césped con el sol de primavera acariciando y tostando la piel antes de que la envuelva la palidez sepulcral de la oscuridad?

Una cerveza, milanesa y papas fritas mientras miro el río. Los veleros me llaman desde las olas iridiscentes pero mi día es corto para ese sueño. Acelero mi corazón con los gritos de la montaña rusa y el tren fantasma y los aquieto mientras desando el camino, en el tren, aún lejos de la hora pico.

En el zoológico me deslumbro como un niño con la elegancia de la jirafa y la placidez del hipopótamo. Absorbo cada pizca de libertad en los movimientos circenses de los monos. Indago en los ojos añosos del elefante, en la tristeza prisionera del león, buscando sabiduría, respuestas silenciosas. ¿Está bien lo que voy a hacer? ¿Es mi única salida? La punzada ante la vista de una pareja enamorada me responde. Es el dolor de la soledad, un dolor del que soy víctima, no culpable.

Diluyo mi pena en la pantalla llena de aventuras de un cine de Lavalle. Cuando salgo ya es de noche. Paso cerca de una panchería y un local de juegos electrónicos. Están en mi lista, como tantas cosas. Pero ya no tiene sentido dilatar el final. Paro un taxi para que me lleve a casa.

Cuando le pago al tachero y enfrento la puerta del edificio, la pistola pesa más que nunca en mi bolsillo derecho. Subo en el ascensor. Quizá sea mi último viaje, solo, en ascensor. Cuando baje, alguien va a estar llevándome.

Abro la puerta de casa y voy hasta el living. Ya empuño la pistola antes de entrar. "Hola, papá" le digo y descargo todo mi odio en el gatillo, hasta que no salen más balas. Luego, me siento a esperar la policía.

 

 

Baltimore

por Gina Hasbún

Gina Hasbún es chilena, le gusta la literatura experimental y los lectores que hacen bien su trabajo y no pretender acostarse y dejarle todo a los fenómenos osmóticos del lenguaje. También puedo añadir que es de convicciones firmes y tiene una idea clara de a donde quiere llevar a sus criaturas literarias, jamás lo confundiría con terquedad, pues en eso de la tozudez yo soy un experto. A mediados del año pasado fue invitada al Encuentro Internacional de Escritores Latinoamericanos y Alemanes en Berlín, y luego, en octubre, sus escritos fueron leídos en el Festival Internacional de Poesía en París. Confiesa que Leonora Carrington, Felisberto Hernández, Baudelaire, Ducasse, Émile Cioran, Alejandra Pizarnik, Silvina Ocampo, Virginia Woolf han sido su inspiración.
Ha sido publicada en diferentes revistas digitales, tales como: Axxón, Forjadores.net —taller al que pertenece desde hace un tiempo— y miNatura. A fines del año pasado dos de sus micro-cuentos fueron seleccionados, en el concurso Garzón Céspedes, para una antología. A principios de este año volvió a ser publicada en miNatura, en el especial de asesinos en serie.

 

 

Hastiado Baltimore de sus vanos esfuerzos por lograr el nivel, o mejor dicho, algún nivel espiritual de trascendencia, decidió invocar al poderoso señor del averno. El macho cabrío que de inmediato se hizo presente en todo su horror y hedor, dijo con un bajo gruñido:

—Si me has hecho venir, es porque deseas algo que sólo yo puedo otorgarte.

—Correcto, iré al grano: mi anhelo consiste en que me hagas un creyente de fe inquebrantable.

Perturbado por la desagradable petición, preguntó:

—¿Fe?, ¿en quién? En... en...

—Sí, sí, en su adversario —respondió Baltimore, cuidando el uso de sus palabras para no enfadar a su espantosa hada.

—¿Y para qué?

—Ese no es tu problema. No hay necesidad de preguntas o explicaciones, esto únicamente requiere que cerremos de una vez el obvio trato.

—Imbécil, sólo un imbécil como tú puede atreverse a hacer una solicitud de esta índole. ¿Acaso eres tan infinitamente estúpido como para creer que yo haría realidad tu repugnante sueñito? ¿Es que pensaste que el ser más listo de la creación iba a caer en tu ingeniosa, pero ingenua trampa?

—¿De qué hablas? —murmuró Baltimore despreocupadamente, mientras metía sus manos en los bolsillos.

—Si yo hago que tu pecho se inflame de fe, a la hora de tu muerte yo no podría reclamar lo que me pertenecería por derecho.

—Oh, no había reparado en eso —masculló hipócritamente el invocador.

—Me tienes harto. Me largo. Esta charla es tan absurda como estéril.

—¿Qué? No puedes, no te dejaré ir.

Diciendo esto, sacó de su bolsillo una cruz que enfrentó a la cara del cabrío. Este azotó la cola, y dio un paso atrás. Al darse cuenta de que se mostraba vulnerable frente al artilugio de Baltimore, recurrió a su astucia y manteniendo un falso control, argumentó.

—No seas ridículo, tú no crees en ese símbolo.

A lo que el artificioso refutó:

—Correcto, yo no, aún no. Pero tú sí.

 

 

Mandato

por Néstor Darío Figueiras

Néstor Darío Figueiras es un colaborador habitual del Necronomicón. Sus relatos, cuatro en total, han aparecido anteriormente en Necronomicón N° 7, N° 10 y N° 13, . Es un argentino de 34 años que ya ha tiene una producción respetable en reconocidas revistas del género fantástico, como Aurora Bitzine, NGC 3660, Axxón y Crónicas de la Forja. Hace pocos días Alfa Eridiani colocó en línea su cuento Pico de rating, que intenta exorcizar una reciente obsesión suya sobre la vacuidad de los “reality-show”. También participa activamente en el taller Forjadores y la lista de correos Pórtico CF.
Néstor comparte su afición literaria con la música, aunque recientemente ha decidido incursionar en la ilustración. Quizás Néstor pueda cumplir antes que yo una antigua ambición: producir un video de animación propio, ya tiene las herramientas: la música y el guión, con la ilustración cierra el círculo. Igualito que yo, salvo que de música sé un pepino y en cuanto a dibujar tengo dos manos izquierdas (y soy diestro). Algunos de los trabajos gráficos de Néstor se pueden ver en Crónicas de la Forja.

 

El flamante Primer Ministro se aclaró la garganta.

—Procedan.

El caparazón de cristal diamantino se cerró sobre él. Su cuerpo se tensó, según mostraban las máquinas que leían sus impulsos vitales, dentro de la valva nacarada desde la cual gobernaría. Sabía que billones de espectadores estaban observándolo conteniendo el aliento, en cada uno de los numerosos mundos de La Comunión. La ceremonia de asunción era transmitida por infinitrón al Universo entero. Todos, absolutamente todos, estaban frente a sus terminales portátiles, prontos a practicar su civismo.

Se oyó a si mismo decir con vehemencia:

—Yo, Lucio Zimastein, Primer Ministro de La Comunión de Mundos, prometo asumir con responsabilidad… sometiéndome a vuestra continua ingerencia… garantizar la justicia, la paz, y la fraternidad… hasta el final de mi mandato… —Las palabras que vibraron en todo el Cosmos se le antojaron un presagio terrible. Años enteros anhelando ese momento decisivo, repitiendo una y otra vez el juramento, y ahora todo era tan aterrador.

Cuando culminó su discurso, una ovación rugiente cimbreó a través del infinitrón, reverberando a lo largo de millones de pársecs. A su pesar, sonrió a las cámaras. Las luces de la valva destellaron, y cientos de filamentos penetraron en su cuerpo, conectándolo a la red. Fue sumergido violentamente en el ejercicio de su función pública. De pronto, su conciencia, suspendida en un oscuro mar virtual, fue asediada por innumerables seres que, desde sus terminales, preguntaban, reclamaban, protestaban, suplicaban, exigían, adulaban, insultaban, o increpaban. Sintió que anónimas garras lo despedazaban sin piedad, arrancándole las respuestas, las promesas, los descargos y las disculpas. En medio de esa pesadilla sin tregua, se preguntó desesperadamente cuando finalizaría su mandato.

Mientras tanto, en el salón de gobierno, los robots enfermeros retiraban el cadáver de su antecesor.

 

 

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Necronomicón
Segunda Época. Año 6. N° 17.
Marzo 2008

Editor: Jorge L. De Abreu
UBIK, Asociación Venezolana de Ciencia Ficción y Fantasía
http://www.avcff.org/ubik.htm
Caracas, Venezuela.

 

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